Desciendo los escalones del Berlín con un paso algo menos que cansino, el sabor de el último porro aún está resecándome la garganta aún aceitosa por los restos del sanguche de milanga que comí en la Buena, necesito rápido tomar algo, Batista no atina siquiera a reaccionar cuando manoteó el porrón, un prolongado trago de cerveza fría logra devolverme el aliento justo cuando terminó de bajar la escalera, ya sin los lentes, intento ajustar la vista a la penumbra viciada, parpadeo dos o tres veces hasta tener una visión más o menos clara del entorno justo a tiempo para distinguir la figura de la orejudita tambalearse entre dos ebrios que intentan articular algún entre que les pueda entregar su sensualidad al menos esa noche, dejo que apenas una sonrisa se dibuje en mi rostro cuando los esquiva casi sin prestarles atención. ¿Por qué te sonreís, tarado? Porque sonrió y punto, no hay que darle tantas vueltas al tema. ¿O sí? Bah, no importa, de última, no importa.- ¿Por…?
- Tenés experiencia en andar medio medio…
- ¿Medio medio? Ni ahí, yo siempre estoy del todo del todo, je… Dale, nos vemos después…
- Nos vemos…
- ¿Y? ¿Qué?
- ¿Por qué te dicen Tío, Marcos?
- ¿Muy larga?
- No tanto… Pero un poquito rebuscada.
- Je… Si vos lo decís, me preocupa tu capacidad de imaginación…
- Tampoco es para asustarse, Tío…
- Bueno, bueno…
- Dale, nos vemos y me contás…
- O.K.
Tripa apenas si puede decirse que sea un ser viviente e intenta seguir tomando, el cuestionamiento que cualquiera con dos dedos de frente haría en estos momentos seguramente tendría que ver sobre la conveniencia o no de subirnos a un auto manejado por un tipo al que sólo mantiene en pie por cierta emanación de su inconciente que le ocasiona una pulsión por beber hasta que su hígado reviente, sin embargo, las únicas palabras que surgen provienen de la boca de su novia. “Tripa… Dejá de escabiar que después te la tengo que chupar dos horas para que se te pare”. Tincho me mira, miro a Tincho y decidimos alejarnos porque ese comentario fue un poco mucho hasta para nosotros, incluso en el estado de descerebramiento en que nos encontramos, empero, ese breve rapto de lucidez no nos impide cruzar el Pasaje Zabala hasta el Valiant y acomodarnos en el asiento trasero ya que el Chapa hace rato que se encuentra desmayado en el del acompañante, mientras intentamos seguir el ejemplo del Chapa escuchamos un inconfundible “uhhh…. loco” que suele preceder a Ricki.




