domingo 27 de marzo de 2011

Diario de un psicópata doméstico. Primera parte: El interior de la Bestia


Diario de un Psicópata Doméstico.

Primera Parte: El interior de la Bestia


9: Abajo, se estremeció el Abismo al anuncio de tu llegada;por ti, él despierta a las Sombras,a los potentados de la tierra;hace levantar de sus tronos a todos los reyes de las naciones.

10: Todos ellos hablan a coro y te dicen: "¡Tú también has perdido las fuerzas como nosotros, te has vuelto igual que nosotros!

11: Tu majestad ha sido precipitada al Abismo, junto con el sonido de tus arpas;tienes debajo de ti un colchón de gusanos y te cubren las lombrices".

(Isaías; 14)



miércoles 1 de diciembre de 2010

Roscas

Gonzalo está diferente, no es algo en especial ni que su conducta anterior fuera muy distinta a la de ahora… Empilcha mejor, no para de atender el celular y pareciera tener un rictus constante de preocupación desde que el Partido cerró con el gobierno, quizás sea eso, pero… Es algo más inaprensible, tal vez un dejo de suficiencia que me irrita aún más que aquel sobreactuado romanticismo guevarista de antes.

- Perdoná, Marcos – se disculpa mientras me hace pasar al salón que da a calle Riobamba – Estamos saturados, nos faltan cuadros ante tantas responsabilidades…
- De eso te quería hablar, Gonza – digo mientras me siento en el mismo lugar que ocupe cuando reventamos a los contreras para cerrar con el gobierno – Estoy medio jodido para seguir haciendo el laburo de la prensa

Hay cierto impacto en su expresión insufriblemente autosuficiente, no exagero al decir que se desmorona sobre la silla más que sentarse.

- Estoy terminando otra novela, las ventas vienen bien… Sinceramente, me veo obligado a dedicarle todo mi tiempo a eso…
- Pero, Marcos – es cortés, pero conociéndole sé que ese tono oculta un inmenso grado de ofuscación – Precisamente es eso lo que necesitamos, cuadros como vos, gente capaz de referenciarse por fuera del microclima de la rosca. Gente con peso propio y que sea cuadro, que entienda la cosa…
- Sí… Pero te olvidas de algo… Yo no tengo ganas de serle útil al Partido

Hace un silencio, vuelve a retroceder contra el respaldar, juguetea con el celular que dejo sobre la larga mesa de reuniones. Caricaturiza una sonrisa socarrona y vuelve a cargar sobre mí…

- ¿Seguís perdiendo el tiempo con los líricos de siempre?
- ¿Perdiendo el tiempo? No… Aprovecho el tiempo libre, es como con el Partido, aprovecho el tiempo libre para ayudar a gente que me cae bien y, en definitiva, no le hace mal a nadie. ¿No? ¿No le hacemos mal a nadie? ¿No? – sé que esa interrogación es una daga directa a su ególatra autosuficiencia – Quizás me sirva para sentirme menos culposo, pero no pierdo el tiempo. Es como jugar al fútbol, Gonza, jugar a que aún me apasiona algo que hace tiempo dejó de emocionarme.

Hunde el mentón contra su pecho, puede intentar simularlo, pero es un hombre frío y calculador, sabe tanto como yo que, ésta, es una discusión inútil.

- Como sea, Gonza… De última, sabemos que si el Partido necesita algo y está a mi alcance, voy a contribuir con eso – asiente con la cabeza – Pero, ya que hablaste de “líricos”… – caricaturiza una nueva sonrisa – Vos y yo sabemos que a estas alturas no podemos seguir jugando al romanticismo guevarista, Gonza. Ni tenemos el tiempo, ni las ganas, ni creo tan siquiera que la convicción…
- La convicción está…

Estará… Estará… Pero su voz dubitativa no suena demasiado convencida.

- Tal vez, pero no es la misma de antes, Gonza, no es la misma… Como sea… Hace tiempo que lo estaba pensando y viendo como viene la cosa me parece que lo mejor es proponerlo. No hay cuadros ni perspectivas de encontrarlos al corto plazo, no nos podemos manejar ya sólo con compromiso e ideales románticos, Gonza, sería… ¿Un lirismo?

Una nueva sonrisa es caricaturizada por la mueca de sus labios

- ¿Y qué propones?
- ¿Una concepción más profesional? ¿Empresarial de la política? El laburo de prensa es publicidad del Partido, ahí me chupa un huevo la coherencia ideológica y el compromiso, me estaré poniendo cínico, en publicidad me importa la eficiencia para vender el producto…

Un guiño.

- Hay muchos profesionales jóvenes que no van a tener grandes dramas con la línea del Partido, que le cuesta encontrar laburo y serían… ¿Sumisos? Tal vez, si terciarizamos un poco ese trabajo, si lo “profesionalizamos” y le damos un aire de cierta “independencia” partidaria, quizás… Tal vez… Tengamos resultados bastante mejores que los que hoy tenemos.
- No me disgusta…
- Lo sé, eso es de las cosas en que siempre estuvimos de acuerdo…

Vuelve a recostarse sobre la silla, juguetea un rato más con el celular.

- ¿Y…? En concreto. ¿Cuál sería tu propuesta?
- Relanzar la prensa, con un perfil de periodismo “independiente” y viable comercialmente, un staff contratado…
- ¿Mercenarios?
- No… Los mercenarios son poco confiables. ¿No leíste Maquiavelo? Empleados, simples empleados…
- ¿Y vos?
- Sigo por unos meses para hacer la transición, ya voy armando un equipito de laburo para la próxima edición, y después se ve… Me dejan de figurón para darle cierta seriedad, te colaboro ocasionalmente, se ve que conviene… Y… Por supuesto… Ad honorem, Gonza.
- ¿Y decís que no sos más lírico?
- No… ¿Lírico? No. Pelotudo es probable…
- Me gusta. Me gusta… Yo se lo planteo a Lito y… Bah… Andá armando el equipo y en la semana que viene nos juntamos, vemos la guita que hay y eso.
- Y… Sabemos que Planificación Federal lo financia… Y… ¿Un poco más? También…

Gonzalo lanza la única sonrisa sincera de toda esta tarde.

martes 30 de noviembre de 2010

Ruggiero no está

Uyyyyyyy… Me olvidé de hablar lo de Víctor. ¿Ahora me vengo a acordar? No, no. Tengo que llamarlo a Gonzalo y arreglar al menos lo de la prensa. Sí, sí. Tengo que hacer eso.

- ¿Ruso?
- Ah…
- ¿Te pega mal el pucho?
- Ah…
- Sí, te pega para el orto

Se sonríe.

- ¿Y dónde mierda está Ruggiero?

Se encoge de hombros… Parece que el Ruso no está muy comunicativo.

- Che… ¿No andarás cabroneado porque me garche a la piba esa?
- ¿Qué?
- La piba esa, Cecilia, después de la charla…
- ¿Qué piba?

Bien, ni se acuerda. El rasta vuelve a salir en pelotas de la pieza de Ruggiero, sería más agradable que saliese de nuevo la pendeja tatuada que se está garchando, pero, no, para desilusión de mi vista, sale el rasta.

- Loco… ¿Paki volvió?

¿Quién mierda es Paki? ¿Uno de los merqueros? Mierda… No puede ser que no pueda aprenderme el nombre de esos chabones.

- ¿Qué Paki?

Bueno… El Ruso tampoco tiene la menor idea, no debe ser de los merqueros…

- Altito… Remera de Sumo…
- Ah… Paki… No, no volvió.
- Uh… – dice el rasta antes de desaparecer dejando en mis retinas la espantosa imagen de su culo flácido y pelotudo.
- ¿Quién mierda es Paki?

Se encoge de hombros

- No sé… Hoy a la mañana… Estaba
- Che… Ruso. Esto es cualquiera…

Se vuelve a encoger de hombros.

- Y… Decile a Ruggiero
- No está, Ruso, Ruggiero no está

jueves 25 de noviembre de 2010

Judíos

- ¿Marcos…?

El rostro de Zielinsky parece un poco más judío que de costumbre y sólo algo muy grueso puede justificar que un judío se vuelva aún más judío.

- ¿Sí…? – repregunto buscando mi expresión más tierna
- Restrepo… Te llama Restrepo…

¿Eso era? ¿Por eso te volviste más judío aún, Zielinsky? ¿Por qué Alejandro me llama? Será por alguna corrección o para querer bajarme, de nuevo, la guita del contrato por los derechos de la novela.

- ¿A qué hora es la sentencia, Isaac?
- Ahora, dijo que ahora

Increíblemente su rostro se torna un poco más judío, lo cual sería como judío al cubo dado que de por sí es muy judío y que ya parecía todavía más judío, así que aún más judío, sería judío al cubo.

- Debe estar apurado… – digo sin preocuparme, lo que potencia aún más el judaísmo sobredimensionado en el rostro de Zielinsky.

Pienso que Alejandro quizás tenga cita con algún gato en media hora y necesita reducirme en cinco gambas más el contrato para disponer de “efectivo ya”, me siento como un “Credifácil” para este forro. Subo el ascensor, desando los metros hasta el escritorio de la secretaria, por cierto, nueva secretaria que, para variar, está muy buena y, casi seguramente, es otro gato beneficiado por el afán filantrópico de Alejandro Restrepo, gerente editorial y benefactor de niñas con necesidades económicas.

- Eh… Eh… Disculpame, es que no tengo la más pálida idea de tu nombre... – cuando quiero ser un dandy, soy un dandy
- Tatiana – efectivamente es gato y gato de sonrisa fácil, es decir, gato que más temprano que tarde me voy a garchar de acá a la China.
- Bueno, Tatiana – sonrío con aire de ganador y me devuelve la sonrisa, lo cual confirma que a este gato me lo voy a garchar y recontragarchar – Alejandro dijo que quiere verme de inmediato, podrías anunciarme…
- Dale – pero que cara de puta que tenés
- Marcos. Marcos Sarría, vas a necesitar el nombre… ¿O vas a anunciar al “flaco cachondo carocito que vino a visitarte”?

Se ríe, se está riendo.

- Podría ser… – dice mientras levanta el intercomunicador

Sí… Le doy hasta pasado mañana. Ma’ sí, yo le tiro los perros… ¿A ver? Sí, eso… Agarramos un papelito del anotador, le tomamos “prestada” la birome y escribimos: “Pasame tu número”. ¿Ponemos o no ponemos una carita feliz? Sí, da tierno, pongamos carita feliz y dejemos la notita delante de su cara, su cara… ¡Su cara de terrible petera!

- Pasá “flaco cachondo carocito que vino a visitarlo”

Le hago un guiño, antes de abrir la puerta, con el rabillo del ojo veo que está leyendo la nota y… ¡Sí! ¡Vamos, Marquitos, vamos! ¡Está escribiendo algo! ¡Vamos, mierda, vamos! ¡Viva la Patria, carajo!

- Marcos, querido… – exclama Alejandro sin molestarse por levantarse de su sillón

El tono de su voz es demasiado amable, cagamos, mínimo me quita una luca del contrato. ¡Ni en pedo!

- Pará – digo con fuerza y agitando el brazo como si fuese un sable cortando el aire – Desde ya… ¡Ni se te ocurra! Tengo que pagar el crédito del departamento, tengo deudas atrasadas de la mudanza y… El sueldo de corrector es una mierda. ¿Más rebajas? ¡No! Es guita con la que cuento, sino, ya sabés… Rescindimos y me busco otra editorial. ¿Estamos?

A pesar de sus dos horas diarias de cama solar, el rostro de Alejandro se pone pálido. Metí la gamba, decididamente, metí la gamba.

- ¿Marcos? Por favor sentante…

Accedo mientras veo que su habitual tonito bien de Recoleta toma un aire… Un aire… ¿De Villa Crespo?

- Siempre nos portamos bien con vos… ¿Otra editorial? Hay crisis mundial, cuesta vender a los escritores nuevos, tuvimos que ajustar algunos números, pero… Siempre nos portamos bien con vos, Marcos. ¿Otra editorial?

Lo mirás, así, rubión, bronceado, y te da Recoleta, pero… Para mí que es de Villa Crespo.

- Sí, sí… Se portaron bien, no me puedo quejar de la distribución, me presentan en concursos, en ferias, todo bien… Pero la guita es guita, más rebajas no puedo.
- Pero, bolú… Me haces reír, bolú…La plata… Por eso te quería hablar…
- Exacto… ¿A ver…? Me vas a decir que está difícil el mercado, que hay recesión, que los costos de ustedes para cumplirme se incrementaron y bla bla bla… No me rebajas ni un puto peso más.
- ¿No vistes las ventas, bolú…? Es best seller…
- ¿”La noche”? ¿Best Seller?
- Sí, bolú… Un éxito y no sabés lo que es Colombia…
- Un país sudamericano… En el área del Caribe… Al ladito de Venezuela.

Decididamente el rostro de Alejandro demuestra que no entendió mi chiste.

- Dijiste: “No sabés lo que es Colombia”… ¿Entendés?
- ¿Está al lado de Venezuela, bolú? Yo creía que estaba cerca de México… Bueno, como sea… Vistes como soy, bolú… Lo bueno es que es best seller…
- Mierda… Compran cualquier cagada…
- Jajajajá – esa risa es fingida, nadie en su sano juicio se ríe así y, mucho menos, acentúa el último “ja” – Sos un humorista, bolú… Todo un Fontanarrosa… También rosarino.

Me señala con el índice como si su “ocurrencia” fuese a alegrarme en demasía. Sí, Fontanarrosa es rosarino, Olmedo también, Fito Paéz… Galtieri fue Comandante del II Cuerpo de Ejército, y ahí reventaron al hijo de mil puta de Sánchez, hijo de puta que tiene calle y todo… Entre otros “digamos que” méritos, Rosario me tiene a mí.

- Bueno, no sabés lo que es Colombia, Best Seller en tres semanas de ventas… Bolú, ni te imaginás los comentarios que hizo Vargas Llosa allá.
- ¿Vargas Llosa? Es peruano, Vargas Llosa es peruano.
- Bueno, uno así, un apellido compuesto…
- ¿García Márquez?
- Ese.
- El alzheimer a esa edad hace estragos… Leen boludeces, dicen boludeces, comentan boludeces. El alzheimer…
- Jajajajá – la risa fingida de nuevo – Igualito que Fontanarrosa… Bue, bolú, por eso, los españoles quieren hablar con vos…
- ¿Los capos? ¿Tus jefes? ¿Conmigo…? Bueno… ¿Sobre?

Me gustaría entender los cambios de inflexión en la voz de Alejandro, creo que pasan esencialmente por el tema “plata”, cuando no está hablando directamente de “guita” es un cheto insufriblemente jocoso, pero cuando se acerca el tema del vil metal su voz, su actitud corpórea, su todo, me hace acordar a Zielinsky cuando me explica que gasto mucha tinta y papel usando demasiado la impresora. ¡Me gusta el soporte papel, Zielinsky!

- Cosas del contrato… Nos haríamos cargo de más, un mejor reconocimiento económico y… Bueno… Ver lo de las cláusulas de rescisión, también… Algo más formal, más a tu medida, Marcos.
- O sea… Me agarran más de los huevos, me van a cagar más, pero… Me dan un fangote de guita…
- Jajajajá – esa risa me tiene los huevos por el suelo
- Listo. Soy un mercenario, no hay problemas. ¿Estamos?
- Sí, dale… El jueves de la semana que viene hay un recepción en la Embajada, estás invitado con alguna amiguita – “trola”, en el lenguaje de Alejandro eso quiere decir “alguna trola que no dé tan gato” – Vienen los españoles y…
- Me los presentas, bla bla bla bla y el viernes me vacunan con el contrato.
- Jajajajá…
- Bueno, listo… ¿Me puedo ir?

Por primera vez en toda mi relación él, Alejandro se levanta de su sillón para acompañarme hasta la puerta. Me quiere cagar, decididamente me quiere cagar de arriba de un pino, pero… Me palmea la espalda y él mismo abre la puerta cortésmente.

- Después Tatiana te manda las invitaciones, y… – nuevamente cambia el tono de su voz pasa del acento recoleto a cierto estilo “yiddishe mamme” – ¿Otra editorial? Siempre te hemos cumplido… ¿Otra editorial?
- Ale…
- ¿Sí?
- ¿Tu vieja? ¿Es judía…?
- No... Cortés…
- ¿“S” o con “Z” al final?
- “S”, Cortés…
- De ahí…

martes 23 de noviembre de 2010

Qué terrible pelotudo

Apenas puedo servirme el café, dejo que el cigarrillo se prenda en la hornalla, dejé de fumar pero siempre tengo un atado por si vuelven a darme ganas, le doy dos o tres pitadas, tosó un poco por la falta de costumbre y empiezo a tirar la ceniza en el café cuando Víctor entra en la cocina.

- Me vas a tener que limpiar el auto…
- ¿Lancé adentro?
- No… Me parece que me barnizaste la puerta nomás…
- Te pago el lavadero, me tengo que ir a laburar… ¿Cuánto es?
- Dejá… Después arreglamos…

Parece haberse despertado con un humor particularmente malo, lo cual tampoco me molesta demasiado, quizás, así, no tenga que soportar sus burdos intentos por tener una conversación amigable a estas horas donde sólo quisiera que Buenos Aires estuviera asentada sobre una gigantesca falla sísmica para que un terremoto me evite el enojo de ir a la Editorial. Se sienta en uno de los taburetes con una actitud que me hace reflexionar sobre la mimetización y que, probablemente, este deseando exactamente lo mismo que yo… No… No puede ser, Víctor, no es ni por asomo como yo, jamás desearía que se muera media Buenos Aires para no tener que ir al trabajo, lo suyo es más bien la autolamentación y pedir que un rayo caiga misteriosamente del cielo sobre sí… Sí, es más víctima que victimario.

- Marcos… ¿Hablaste en la Editorial?
- ¿De…?
- Por el trabajo…
- Sí… Le dije a Alejandro …
- Insistile, por favor…
- Mucha bola no me da…
- Pero, sos un autor de…
- Soy empleado, Víctor, nada más… Tienen los derechos, pero soy un boludo que escribió una boludez, no soy Soriano, Fontanarrosa, una cosa así… Laburo de corrector porque estaba cagado de hambre. Esa es la bola que me dan…
- Está bien… Si no querés…

No es un día normal, probablemente sí suceda ese terremoto que estoy deseando. ¿Víctor? ¿Víctor, me contestó mal? ¿Víctor, me bardeó?

- ¿Por qué no te vas un poquito a la reputa que te remil parió, pedazo de vividor, sanguijuela hija de mil putas? ¿Qué me apurá, vo’…? Movete… ¿Querés el laburo? Movete vo’… ¿Qué soy tu papá…? ¿Qué soy?
- Lo necesito, Marcos… – baja el tono hasta volverlo casi imperceptible
- ¿Y qué mierda querés que le haga?
- Estela está embarazada.

Levanta la cabeza y clava sus ojos en los míos, cada silencio en la vida tiene un cierto dramatismo, si se observa bien, cada silencio carga un cierto dramatismo. Mi mano izquierda queda gesticulando justo delante de mi rostro mientras intento reprimir un insulto que empuja a salir, son unos instantes en que agito la mano y aprieto con toda fuerza los dientes para intentar que no suceda lo que es inevitable.

- Pero… ¿Vos sos pelotudo o te hacés?
- Pasó, Marcos, pasó… ¿Qué se yo?
- ¿Cómo mierda pasó? ¿Mandaron una cartita a París? ¿Qué pasó?
- Se olvidó de la pastilla… No sé… Marcos… No sé.
- Vos sos pelotudo y medio. Vos sos un boludo a cuerda… No podés ser tan pelotudo. Sos… Sos… Sos un salame. ¿No te podés poner un forro?
- ¿Vos me vas a decir que me ponga forro?
- Es distinto…
- Sí… Yo cojo con mi pareja, mi pareja estable… Vos…
- Por eso.
- ¿Por eso, qué?
- A mí no me quieren enganchar.
- ¿Y la Turca?
- La Turca me quiere coger, no me enquiere enganchar…
- No… Claro…
- ¿Sabés por qué milita a favor del aborto…? ¿Por qué le interesan las minas que se mueren todos los años? No… Quiere que el próximo se lo cubra la prepaga… Tiene veintidos y… ¡Tres abortos! ¿Te parece que quiere quedar embarazada? ¿Eh…?
- Sos un… Andate a la mierda.

Encima soy el hijo de puta, él es boludo y yo soy el hijo de puta… La hija de puta es la forra que se “olvidó” la pastilla.

- Nos vamos a casar…

Quisiera putearlo, mandarlo a la reputa que lo remil parió y…

- Vas a ser el tercer amigo que hace la misma boludez, tengo dos pelotudos iguales en Rosario, hacen cola pa’ mandarse cagadas.
- ¿Qué querés que haga?
- Aborten.
- No… Macho, no… Es mi hijo.
- Por eso. ¿Le querés cagar la vida? El papá pelotudo y la mamá histérica.
- No te voy…
- ‘Ta bien, dejá…

Enfilo hacia el balcón, si me quedo un segundo más le parto la cara por imbécil, mejor respiro un poco de aire y trato de ordenar las ideas, trato de… No, no me sale, no puedo ordenar un carajo. ¡Pedazo de pelotudo! ¡Infeliz! ¡Otario! ¡Ganso! ¡Boludooooo! No… Si yo sabía que esa forra lo iba a terminar cagando y el pelotudo le sigue el puto juego. Son unas conchudas psicópatas, hijas de mil puta, son todas iguales, están todas cortaditas por la misma puta tijera… Te enganchan, te emboludean y… Te cagan, de una u otra manera te cagan la vida, y, encima, le cagan la vida a una persona que no tiene nada que ver. ¡Pobre pendejo!

Respirá, Marquitos, respirá, volvé a la cocina y tratá de tranquilizarte un poco.

- Disculpá… Pero… No me cae Estela. Te está cagando…
- Y… No sé. La quiero. Yo… La quiero, ella es así, pero… La quiero.
- Anoche… ¿Discutían por eso?
- Sí… Que cómo vamos a mantener al pibe conmigo laburando de mozo y… Laburando a veces, vos sabés… Qué ella va a tener que dejar de laburar…
- ¡Qué hija de puta!
- Marcos…
- Sí, dejá. Mejor no te digo nada.
- ¿Me entendés?
- Lo voy a parlar de vuelta… Pero… Si no hay una vacante… Y… Incluso así… Hay mucho acomodo… Pero la intento, la intento.
- Hacé lo que puedas y… Gracias.

Le apoyo la mano sobre el hombro y lo zarandeo un poco, suavemente, como para decirle que estoy intentando romper mi fobia al contacto humano.

- ¿Sabés…? No es mucho, pero son unos pesitos extra. Tengo ganas de dejar el laburo con la prensa del Partido, me tiene los huevos llenos, quizás…
- Pero de eso no sé nada, Marcos.
- ¿Y…? Ellos tampoco, por algo les va como les va… Tenés que diagramar, corregir la sintáxis y punto. Es una boludez y son unos manguitos… ¿Sabés la que vas a tener que gastar?
- Sí… Fijate… Si se puede.
- Dalo por hecho y… Lo otro… Veo que puedo hacer, pero… Algún culo va a sangrar, no te preocupes, algún culo siempre sangra…

Vuelvo a aferrar su hombro y escapo hacia la Editorial antes que se haga aún más tarde. “Qué terrible pelotudo”, me digo y cierro la puerta.

Reptaron


Tuvieron un sueño, un perro, un rincón… Quizás un amor.


Reptaron sin rumbo excitando la embriaguez, reptaron un engaño cruel, frenesí de mieles dulces, narcotismo de entrepierna y simientes, un letargo caliente, un ardid ruín que miente.


Engañaron un sueño, un perro, un rincón… Quizás un amor.


Reptaron violentos entregando la desnudez, reptaron un engaño cruel, carmesí de labios dulces, hipnotismo de danza sucia y ardiente, un engaño amante, un ardid ruín que miente.


Reptaron un sueño, un perro, un rincón… Quizás un amor.

domingo 9 de mayo de 2010

Rojo tinto

Un silencio incomodo me aferra al fondo del asiento trasero del Dodge 1500, sé que Estela desea quejarse de algo, seguramente, algo debe resultarle digno de queja. No me interesa, apenas me preocupa soportar a Víctor después, casi ni reacciono cuando el auto se detiene y ambos descienden, pierdo mis pensamientos en algún lugar y en algún tiempo dónde puedan perpetuarse estos estertores del cannabis que llevo en sangre, los ampulosos gestos de Víctor me sacan del trance y el bajón se hace presente.

- Vamonos a la mierda… – grita al retornar – No sé… No sé para qué… Y… ¿Vos…? ¿Te pensás que es un taxi?
- Dejá, men, dejá… – atino a decir sin sentido ni razón antes que arranque.

Quisiera decirle que se apure, que me ha asaltado un rapto imperioso de hambre que se entremezcla con esta increíble sequedad en la garganta, tengo una puntada en la boca del estómago, quisiera pedirle que se detenga pero tan sólo logro comenzar a girar lentamente la manivela para que el aire fresco invada el interior del Dodge, siento que pasa una infinidad de instantes conjugados en minutos y, tal vez, en horas hasta que la ventanilla ceda lo suficiente para sacar mi cara hacia el exterior y llenar mis pulmones.

- Vamos a pasar el puente, boludo – grita desde una cercana lejanía.
- Y… – digo sin recordar el fétido olor que allí se sucede.

La inmundicia inunda mis pulmones, apenas puedo contener el vómito el tiempo suficiente para terminar de bajar la ventanilla, un largo vendaval color rojo tinto corre en dirección opuesta a la alocada carrera que ha emprendido el Dodge sobre el puente, con una mano me sostengo del auto y con la otra atino a retener los anteojos mientras extirpo toda la carga que portaba mi aparato digestivo, intento respirar pero ello sólo me trae otra nausea que ahora provoca que la bilis suceda al vendaval color rojo tinto…

- La puta que te parió…
- Nací por cesárea…
- ¿Y qué mierda tiene que ver…?
- Qué no me parieron, Víctor, qué no me parieron… – alcanzo a decir antes de desmayarme en el asiento trasero

martes 27 de abril de 2010

También

El Ruso está intentando denodadamente interesar a Clara, la joven lejano origen italiano, en la virtudes de la revolución socialista con sus valores igualitarios, de modo especial, igualitarios entre los sexos, o sea, que el Ruso está intentando levantarse a la piba como sea. Ruggiero ya me ha cansado. Bebe, demasiado, se retira al baño, toma un pase, vuelve del baño, habla hasta por los codos, dispersa su atención, vuelve a beber, bebe, demasiado y sigue el círculo vicioso. No puedo ni pensar en Víctor que está detrás de Estela por toda la casa, es… Sí, resulta un poco sobreprotector, da la sensación que la asfixia, pero, quizás ella disfrute de tenerlo como perro ladero, serían algo así como algún tipo compatible de neurosis… ¿Soy original? No, no, eso de las neurosis compatibles lo saque de alguna película de Woody Allen, estoy casi seguro. Me aburro, me aburro de sobremanera.

- ¿Cabizbajo, Marcos…? – escucho la cimbreante voz de la Turca mientras desliza sus tetas, sus maravillosas, macizas y voluptuosas tetas por mi espalda
- Naa… Aburrido, nomás – digo sin girar ni apartar la vista del trago de ginebra que tengo enfrente
- ¿Aburrido? – deletrea en un susurro
- Un poco, nada más un poco – giro apenas la cabeza para toparme con esos enormes ojos verdes que resaltan su piel trigueña
- ¿Te puedo ayudar con eso? – dice a un palmo de distancia de mi boca
- No… No podés… – mantengo el palmo de distancia – No podés más que aburrirme un poquito más, Turca, aburrirme

Creo que me putea pero no presto atención, todos mis sentidos se dirigen hacia la joven de lejano origen italiano, con alguna excusa logró deshacerse del Ruso y escapa con rumbo errático, apuro el trago y la acecho a distancia. Es una vieja casa chorizo que alquilan Ruggiero y ese par de merqueros que nunca recuerdo el nombre, está bastante deteriorada y deben pagar dos mangos, pero es una ruina cálida, quizás porque Ruggiero la usa como local de la Agrupación, quizás porque siempre se sabe que hay alguien allí, aunque no sepas de quién se trata ni quién es. Una de las habitaciones está adaptada como una suerte de biblioteca popular dónde se puede encontrar desde la última edición de Playboy hasta una compilación de poesía africana, ella se detiene allí.

- Esta es la biblioteca pública y privada de Ruggiero…

Se sobresalta, no se había dado o finge no haberse dado cuenta de que la seguía.

- ¿Ruggiero?
- Sí… El anfitrión… El muchacho que estaba junto a mí cuando nos presentó el Ruso…
- Ah… ¿Y de dónde conocés a los chicos?
- ¿Chicos…? Me haces entrar en razón de los años que tengo… Sí, ya son chicos…
- No, no… No quise…

Me río y contesta con una risa.

- ¿Cómo conocí a los chicos?
- Sí, eso… Te preguntaba eso
- Son conocidos de algunos viejos compañeros del Partido…
- ¿Del Partido?
- Sí… No siempre escribí… Bah… Siempre escribí, no siempre fue mi ocupación principal, mili…

Comienza a revisar la estantería… La estoy perdiendo, la estoy perdiendo… Cambiemos de tema.

- Bueno, militaba en un partido político, ellos conocían a los chicos, yo conocí a los chicos, pegamos onda y me invitaron a dar esta charla…
- Ajá…

¿Qué parte no entiendo que la estoy perdiendo? ¿Podríamos cambiar de tema?

- ¿Y, vos…? ¿Por qué viniste a la charla?
- ¿Yo…?
- Sí… ¿Vos?
- Me interesó…

Se que está mintiendo, le importa tres pepinos la relación entre la literatura y el compromiso político, le gusta codearse con los zurdos intelectuales pero la aburren, se notaba ante cada avance del Ruso.

- ¿Te digo la verdad?
- ¿La verdad...?
- Sí… No tenés el perfil de estas charlas
- ¿Perfil? – su voz toma un sarcasmo que no es propio de su edad
- Sí, perfil… Te explico, en estas charlas suele haber una suerte de ambiente digamos que psicobolche caracterizado por creer que la revolución tiene cierta relación íntima con la falta de higiene personal y, en general, de cuidado estético. Lo cual, con total claridad, no es tu caso…
- ¿Te parece? – me encanta ese tono desafiante con que se acerca a mí
- Total y absolutamente.
- Quizás sea… Siguiendo tu teoría. Quizás sea que hoy me bañé y me vestí con cierta pulcritud porque tenía una entrevista laboral. ¿Podría ser? – el sarcasmo me excita de por sí, pero si va acompañado de una sonrisa irónica y esa meticulosamente cuidada toma de distancia que es su nuevo giro hacia la biblioteca, si se acompaña así, no sólo me excita, sino que moviliza hasta el confín más insensible de mi libido.
- Pero… – me pongo justo detrás de ella, casi encerrándola contra la estantería - ¿No? No había entrevista laboral previa

Juguetea con los libros y se vuelve hacia mí, apenas tiene espacio, siento el abrupto fluir de la adrenalina por mi cuerpo.

- Leí tu novela… Quería saber quién eras…
- ¿Y te gustó…?

Un silencio

- ¿Te gustó la novela, digo?

El silencio se extiende otra ínfima e inabarcable fracción de tiempo

- También – contesta